• Se encuentran en la FD
La educación universitaria tiene que ser integral o no será, para conseguirla es indispensable una búsqueda continua de elementos que nutran a los alumnos en todas sus facetas. Esto fue lo que llevó a Fernando Serrano Migallón a ampliar la colección artística de la Facultad de Derecho (FD), especialmente en los años que fungió como director de la misma (de 2000 a 2008).

“La formación integral de los estudiantes pasa, evidentemente, por los murales; esta fue la idea de, dentro de lo posible, buscar la manera de que mediante las instituciones de arte del país –principalmente el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal– nos pudiéramos allegar varios que han hecho que la FD en este momento sea la dependencia de la Universidad con un mayor número de murales internos”, recalcó el académico y añadió:

“Son obras que viven, que vibran, sobre todo cuando hay gente joven, lo hacen mucho más que en cualquier otro lugar. Es importante que, aunque no son temas jurídicos, esa formación que tienen los alumnos al verlos, sin darse cuenta de que lo que observan los va a enriquecer. La función de una universidad pública no sólo es dar los instrumentos suficientes para desarrollar una carrera profesional, sino también formar integralmente a los estudiantes. Los alumnos al darse cuenta de la belleza que les rodea la perciben, la van asimilando. Antes o después, de una manera y otra, forma parte de su personalidad”.

El doctor en Historia recordó que casi todos los murales que adornan las paredes de la Facultad de Derecho están dados “en comodato por 99 años. No son propiedad de la Universidad, dentro de 99 años ya veremos qué pasa. Espero que se conviertan en patrimonio de la Universidad para siempre”.

Así recordó el académico la llegada de las piezas al recinto universitario:
• Sabiduría es Paz | Sofía Bassi | Vestíbulo de la Biblioteca Alfonso Caso:

“La biblioteca original de la Facultad estaba donde se encuentra el Salón de Directores y el Salón de los Eméritos, era insuficiente por el número de ejemplares con que contaba y el de alumnos que venían a consultar el mejor acervo de Derecho del país. El doctor José Máximo Carvajal Contreras pensó en hacer una nueva biblioteca y se planeó cubrir esa faltante de tener un mural.

Se le encargó a Sofía Bassi que de una manera generosísima lo donó, tomó un tema muy atractivo: la paz a través de la cultura. La importancia del Derecho y la formación cultural de la población en general para llegar a una estancia permanente de paz, por eso puso el lema de Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Es como todas sus obras, completamente surrealista, y, desde luego, adorna el vestíbulo de la biblioteca”.

• Fragmento de Talleres Gráficos de la Nación | Pablo O’Higgins | Auditorio Doctor Antonio Martínez Báez:

“O’Higgins lo pintó originalmente para los Talleres Gráficos de la Nación, era un mural que estaba en el cubo de la escalera, se desprendió cuando Talleres Gráficos dejó el edificio, el cual todavía existe en la Ciudadela, y se lo llevaron al Taller de Restauración de Bellas Artes. Ahí estuvo olvidado por 50 años, hasta que en los 80 del siglo pasado hubo una gran exposición de México itinerante por el mundo con 300 siglos de arte mexicano, y pensaron poner un fragmento del mural de O’Higgins. Lo buscaron porque era representativo, tiene una figura distorsionada de Luis M. Morones, líder obrero de la época de Plutarco Elías Calles.

El mural recorrió todo el mundo, cuando terminó la exposición lo regresaron a Bellas Artes y volvió a dormir el sueño de los justos. En el 85 hubo un terremoto en la Ciudad de México, uno de los edificios más afectados fue el Archivo General de Notarías y corría peligro de caerse, hubo que adaptar otro edificio lo más rápido posible, se pensó en un edificio que estaba planeado para un viejo estacionamiento, que además resistía el peso de los legajos y libros. Se adaptó lo más rápido que se pudo y se instaló ahí el Archivo de Notarías.

En aquel momento, yo era Coordinador Jurídico del Gobierno del Distrito Federal, conocía a la viuda de O’Higgins, ella me dijo que era una lástima que esos murales estuvieran abandonados. Los fuimos a ver en el vestíbulo del nuevo Archivo y cabían perfectamente. El Gobierno del Distrito Federal firmó un acuerdo con Bellas Artes para restaurarlos e instalarlos ahí.

Como pasa muchas veces, el siguiente gobierno pensó que esos murales no debían estar ahí, en lugar de alegrar la vista de quienes acudían a revisar un archivo corrían peligro de ser dañados. Los regresaron a Bellas Artes, ahí se quedaron hasta que, recordando yo esto, me propuse saber dónde estaban esos murales. Si nadie los tiene y están en una caja en un sótano de Bellas Artes, ¡era mejor que estuvieran aquí!

Efectivamente, ahí estaban, hablé con el director del Taller de Restauración –dijo que no había problema–, hablé con las autoridades de Bellas Artes y con los de la Secretaría de Educación Pública. Nos lo mandaron, en aquel momento se estaba terminando el edificio de posgrado. Con las limitaciones que tiene un mural pintado para un lugar en específico –este en el cubo de una escalera– a un auditorio, ganó el mural con esta nueva disposición, si no en la idea original didáctica sí se convirtió en una especie de capilla laica. Las figuras son protectoras de los obreros y el trabajo. Le dan una idea casi mística al Auditorio Doctor Antonio Martínez Báez donde están instalados”.

• Madonna | Federico Cantú | Auditorio Sala de Juicios Orales 1 – Doctor. Alfonso Noriega Cantú:

“El maestro Alfonso Noriega, un maestro muy querido de la Facultad de Derecho, el famoso “Chato” Noriega, construyó una casa en los 50 en el Pedregal de San Ángel. Él era amigo de Federico Cantú, un pintor conocidísimo, le pidió que le pintara un mural para su biblioteca. No conocí la casa ni la biblioteca, pero entiendo que el mural no estaba plano, tenía una esquina de 45 grados, un desnivel entre un lado y otro.

Cantú tomó como modelo a la hija del maestro Noriega, María Eugenia, la pintó en la Madonna, es de estilo italiano, en medio de un poblado colonial en la Ciudad de México. Pasado el tiempo, después del fallecimiento del maestro Noriega, la casa se puso en venta y la adquirió un Presidente de la República, a su esposa no le gustaba el mural, pidió que lo retiraran.

Fueron por él y a mí, que ya me había hecho amigo después de todos los trámites administrativos de los otros murales, me llamó Walther Boelsterly, director del Taller de Restauración: ‘hay aquí un mural de un profesor de la Facultad de Derecho, ¿le interesa a la Facultad?’. Le dije sin verlo que sí. Es un mural muy bonito, más para una casa que para un edificio público. En eso es completamente distinto a la fuerza que tiene el maestro O’Higgins, por ejemplo, es un mural para el solaz de un lector en una casa.

Lo restauramos y se pensó que no había mejor lugar para ponerlo que el auditorio que lleva el nombre del maestro Noriega. Se hizo la inauguración del auditorio, no se le dijo a la familia qué habíamos hecho por el mural, cuando entró a la inauguración su hija y lo vio se echó a llorar. Causó una gran emoción a todos. Es un mural que nos trae a la memoria la vida ejemplar del maestro Noriega”.

• Conquista y destrucción de México Tenochtitlan | Francisco Moreno Capdevila | Auditorio Benito Juárez:

“El de Capdevila me parece maravilloso por la historia que tiene. Se pintó originalmente para el Museo de la Ciudad de México, estaba en la gran Sala Azteca. Un día que visité el museo –era un mural que me había impresionado, me gusta mucho por su tema y su técnica– me dijeron que ya lo habían quitado, cambiaron la museografía, y estaba en un patio trasero del Museo de la Ciudad de México, cubierto por un plástico y al aire libre.

Me puse en contacto con las autoridades del Distrito Federal y fue muy complicado, porque aunque a nadie le interesaba el mural, ni al director del museo, las autoridades administrativas o la Secretaría de Cultura; no querían tomar la responsabilidad de deshacerse del mural.

Fue una negociación que llevó un par de años hasta que todos dieron su anuencia y con una serie de limitaciones, primero se cedió en comodato por 99 años y, segundo, toda la restauración y transporte corría a cargo de la Universidad. Si lo ven ustedes, a diferencia de los otros murales que fueron despegados y trasladados en partimentos mucho más cómodos para el transporte, este hubo que traerlo en bloques, pesa varias toneladas.

Se hizo el transporte a las tres de la mañana en un camión especial que pudiera transitar por la Ciudad de México hasta Ciudad Universitaria, tuvimos que desmontar las ventanas del Auditorio Benito Juárez para que cupiera. El resultado fue magnífico y la inversión fue mínima comparado con las ventajas artísticas que tiene el mural para los alumnos de la Facultad”.

• La Música y La Tragedia| María Izquierdo | Auditorio Ius Semper Loquitur:

“Tiene una historia muy curiosa. En los años 40 Javier Rojo Gómez, jefe del Departamento del Distrito Federal, le pidió a María Izquierdo que acababa de llegar de América del Sur que pintara el cubo de la escalera y el techo del antiguo edificio del Cabildo –el que está más lejano de Palacio Nacional–.

A ella le encantó la propuesta, porque en Palacio estaban los murales de Diego Rivera y a unos metros estaba San Ildefonso con los de José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Le gustó mucho la idea, se apasionó e hizo el proyecto, puso los andamios, empezó a trabajar.

Se enteraron Rivera y Siqueiros del encargo, sobre todo Siqueiros si no montó en cólera sí manifestó su disgusto. Decía que María Izquierdo no estaba capacitada para hacer esa obra. Rojo Gómez, con la idea de no abrir una discusión pública sobre la conveniencia o no de los murales, decidió cancelar el contrato.

María Izquierdo se enojó y para demostrar que sí tenía la capacidad, pintó dos fragmentos de lo que sería el plafón. La historia de la ciudad iba a estar en la escalera y en el plafón iban a estar las ciencias y las artes de la Ciudad de México. Pintó La Música y La Tragedia, para demostrar que tenía la capacidad y la técnica para hacerlo.

Son unos murales despreciados, motivo de una discusión artística entre grandes pintores, no tenían fácil aceptación en ningún lugar. El mismo Walther Boelsterly me lo ofreció para la Facultad de Derecho, aunque no eran temas jurídicos. Dije que sí, estaban en perfecto estado porque no habían sido expuestos”.

• Paisaje del Valle de México | Guillermo Meza | Vestíbulo Salón de Salón de Directores:

“Este sí es propiedad de la Universidad. Una empresa industrial en la colonia Vallejo cambió y a los nuevos dueños no les gustó este mural, que fue pintado entre el 57-58 para el vestíbulo de las oficinas de la fábrica. No lo querían y querían regalarlo a Bellas Artes, ellos nos avisaron a nosotros. No pertenecía al Estado, los dueños se lo regalaban a quien quisiera. Nosotros lo queríamos.

La biblioteca acababa de pasar a su nuevo lugar, pensábamos hacer en esta área libre un salón de usos múltiples y así se hizo. Está justo en la entrada, después tenemos el Salón de Directores y luego el Salón de los Eméritos.
Es una vista del Valle de México que fue pintada el año en que los rusos enviaron el primer Sputnik al espacio, tiene en el firmamento de la Ciudad de México pintadas unas pequeñas líneas plateadas que son el Sputnik”.

Artículo tomado originalmente de: https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2022_596.html

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