• Los internacionalistas Ana Luisa Trujillo Juárez, Adán Miguel Rodríguez Pérez y Moisés Garduño García analizaron la situación de esta nación a un año de la retirada de las tropas de EUA
A 12 meses de la salida del ejército de los Estados Unidos del territorio de Afganistán queda una nación aislada de la comunidad internacional, con una gran regresión social y una economía pauperizada y disfuncional, que enfrenta el reto de equilibrar las distintas fuerzas al interior del nuevo gobierno, afirmaron los expertos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Es una realidad que los talibanes tienen cercanía con miembros de Al-Qaeda e ISIS, lo cual determina un nuevo planteamiento para la seguridad internacional, en términos de que el terrorismo regrese con cierta fuerza. “Ahí sigue esa posibilidad, pero la dificultad ahora es que no hay demasiados intercambios de inteligencia que puedan determinar cuáles serían las acciones de los grupos terroristas”, señaló Ana Luisa Trujillo Juárez, especialista en política exterior y seguridad.

En conferencia de prensa a distancia refirió que en estos momentos también hay que tener en cuenta la crisis de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). “Si bien la guerra en Ucrania la ha revitalizado y la pone en el centro de los temas de seguridad, es verdad que su credibilidad fue debilitada con la salida abrupta de las tropas de Afganistán hace un año. Ello se considera un fracaso no sólo para EUA, sino para muchas potencias europeas que hicieron gastos importantes en tratar de establecer un gobierno autónomo en aquel país asiático”. Tal fue el caso de Alemania o Gran Bretaña.

Aunque lo ocurrido en territorio afgano no se puede considerar el declive de la Unión Americana porque sigue siendo una potencia mundial y en realidad es la única nación capaz de desplegar tropas en tiempo récord en cualquier parte del mundo; sin embargo, se debe recalcar que ya no tiene la superioridad política de hace 15 o 20 años, cuando no había otra potencia que pudiera desafiar sus decisiones; eso ya no existe.

Hoy, recordó Trujillo Juárez, tenemos la presencia de China y Rusia, muy fuerte a nivel económico y militar, y eso obliga a Estados Unidos a trabajar sus posiciones políticas de manera más compleja.

La universitaria expuso que, aunque es necesario enviar ayuda humanitaria a la población afgana, existe la posición internacional de no reconocer a los talibanes; tratar de canalizar esa asistencia a través del gobierno podría implicar una especie de reconocimiento: ese es el dilema. “La Unión Europea suspendió todo auxilio en cuanto los talibanes tomaron el poder; aquí lo dramático es el sufrimiento de la gente”.

Adán Miguel Rodríguez Pérez, investigador en temas de geopolítica y seguridad internacional, coincidió en que Afganistán sigue siendo crucial en la escena de la seguridad, no solamente de Asia central o del Medio Oriente, sino en términos del terrorismo islámico y el ámbito internacional.

En este lapso hemos visto que ese país ha aumentado sus vínculos con Al-Qaeda, y hace unas semanas Estados Unidos llevó a cabo una operación militar donde fue asesinado el sucesor de Osama Bin-Laden, Ayman al Zawahiri. “El presidente estadounidense, Joe Biden, ha realizado algunas operaciones militares como esa, con el objetivo de ganar credibilidad y popularidad ante las elecciones del próximo noviembre”, opinó el experto.

Ello, abundó, porque con lo ocurrido en territorio afgano quedó dañada la credibilidad de Estados Unidos, cuando los americanos se empeñaron en construir un ejército nuevo que se desmoronó prácticamente de la noche a la mañana, y hubo descoordinación con la OTAN, situación que además es aprovechada por naciones como China o Rusia.

Rodríguez Pérez apuntó que parecía que el ala talibán moderada podía consolidarse en el poder, pero no ha sido así, y hoy vemos una regresión en los derechos, por ejemplo, de las mujeres, además de la mitad de la población viviendo en pobreza y la otra mitad en cierto grado de precariedad. “Se ha retirado la ayuda humanitaria, aunque no del todo; sigue habiendo apoyo, sobre todo de la ONU”.

La situación actual no implica que no haya más grupos al interior del país; hay un frente de resistencia, pero también la célula del Estado Islámico, ISIS, que le disputa influencia a los talibanes y que efectúa atentados terroristas principalmente contra mezquitas chiitas y otros intereses.

El especialista en Medio Oriente, Moisés Garduño García, explicó que en estos momentos se puede dividir al talibán al menos en dos facciones: la de corte pragmático, que busca un diálogo y el reconocimiento para tener acceso a fondos internacionales, y una fuerza de corte securitario que tiene como prioridad mantener el control territorial del país. “Ha sido un error pensar al talibán como un movimiento homogéneo e irracional, cuando se trata de un actor político donde, como en cualquiera otro, coexisten varias fuerzas”.

Los derechos humanos tienen una situación deplorable. Según la ONU, si bien el gobierno afgano ha respetado la amnistía que ofreció a los miembros de las fuerzas armadas del antiguo régimen, ha fallado en garantizar derechos como la educación para las niñas. Además, cerca de medio millón de personas han perdido su empleo, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La economía afgana, golpeada desde los años de la ocupación estadounidense -dependiente en 80 por ciento de la ayuda internacional y afectada por la pandemia- ahora es presionada por la inflación causada por el conflicto ruso-ucraniano, más catástrofes como sismos e inundaciones, y presenta una situación cada vez más precaria: 59 por ciento de la población necesita asistencia humanitaria.
“La comunidad internacional debería seguir presente, en el mismo nivel de lo que ocurre en Ucrania, para evitar un nuevo colapso institucional y, por ende, una nueva catástrofe humanitaria”.

Recuperado: https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2022_705.html

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